Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO I
Parte primera
Del pacto a la agresión militar
Soberanía de Navarra

“Gobernar es pactar; pactar no es ceder”. Gustavo Le Bon

El condado de Burdeos ya se había incorporado al condado de Gascuña en
el año 996, recuperándose así esas tierras vasconas que habían estado
mucho tiempo ocupadas por los francos, ya para entonces franceses.
Sancho Guillermo conde de Gascuña o dux Navarrae, realiza una
progresiva unión al Reino de Pamplona, incluso anterior al ascenso al
trono, por parte de Sancho III El Mayor. En cualquier caso, en el
1010, los dos Sanchos fueron vistos en Saint-Jean d’Angély celebrando
la Invención de San Juan Bautista, y compartiendo dicha festividad
junto al séquito francés, formado por el rey de Francia, Roberto el
Piadoso, así como el Duque de Aquitania y Poitiers.

En el año 1016, el Reino de Navarra, al cual todavía se le conocía
como Reino de Pamplona, firma un pacto fronterizo con el condado de
Castilla. Esto fue debido y facilitado por el enlace matrimonial entre
el rey navarro, Sancho III el Mayor y Munia, hija del conde Sancho
García de Castilla y lo que se unía que el reino vascón era el estado
cristiano más poderos de la península ibérica y aliado natural contra
los reinos de Taifas en poder musulmán.

“Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre
Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho
rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al
río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado
Muño, y desde Biciercas y desde siguiendo hacia el río Razon, donde
nace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima de
la cuesta y por medio de Galaza, y allí está el mojón, y hasta el río
Tera, allí esta Garrahe, antigua ciudad abandonada, y hasta el río
Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de
Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016”.*

El Reino de Pamplona mantuvo unas relaciones de protectorado con el
Condado de Castilla y a pesar de la muerte del conde de Castilla, en
el año 1017, la actitud política con Castilla se mantiene vigente.
Esta política navarra de protectorado con el condado de Castilla, se
extendería posteriormente con el condado de Barcelona e incluso con el
Reino de León.

El Reino de Pamplona recupera las tierras de Sobrarbre, Ribagorza y
Pallars, que se convierte en el flanco oriental del estado navarro,
concretamente hasta el valle de Aran. Sobrabre fue rescatado de la
ocupación musulmana, teniendo que realizarse una auténtica campaña de
liberación. El hijo de Almanzor, en el 1006 había realizado una
expedición a Ribagorza, llegando hasta Roda, cuyo obispo capitula en
la catedral románica de San Vicente. Sancho acude a luchar contra
poder musulmán, restituyendo al obispo en el año 1018, el cual
reconoce la soberanía navarra.

Las tropas cristianas navarras, estando entre ellas el conde de
Gascuña y comandadas por el mismísimo rey de Pamplona, Sancho III el
Mayor, en el año 1027 realizan un ataque contra las tropas musulmanas
de Huesca y Zaragoza. Junto a los navarros también se encuentra
presente el conde de Barcelona. Esta expedición capitaneada por el
señor de los vascones, enriquece en gran mediada a la abadía de Cluny.

En el año 1029, Fernando segundo hijo legítimo de Sancho III el Mayor,
hereda por vía materna el condado de Castilla, tras la muerte de su
tío en León. También en vida de rey de Pamplona, su hijo natural o
bastardo, Ramiro, recibe a modo de tenencia varias tierras, destacando
entre ellas el condado de Aragón, el cual se encontraba dentro del
reino vascón.

Sancho III de Pamplona, muere en el año 1035 en extrañas
circunstancias, encontrándose su hijo primogénito y heredero, García
III Sánchez, en el estado de Roma. A su vuelta es alzado como rey de
los vascones independientes o navarros, manteniéndose la unidad total
del Reino de Pamplona. Ramiro mantenía la tenencia del condado de
Aragón, Gonzalo se hacía cargo de las de Sobrarbre y Ribagorza,
mientras que Fernando continuaba al frente del independiente condado
castellano.

El hermano del monarca pamplonés, Fernando, ostentaba el dominio
soberano de Castilla antes incluso que el de Nájera fuera rey de los
navarros. Fernando de Castilla se casa con la hermana del joven Rey de
León, Bermudo III. El territorio comprendido entre el Cea y el
Pisuerga, territorio conquistado por un rey navarro conocido como el
Mayor para Castilla, era la manzana de la discordia entre Castilla y
León. Bermudo III recupera militarmente para León dicho territorio,
pese a éste formar parte de la dote de su hermana Sancha, lo que
provoca la reacción del Fernando, conde de Castilla, quien consigue el
apoyo de los navarros.

En una breve guerra iniciada en el 1037, Fernando recupera dicho
territorio y no solo eso, ya que tras la batalla de Tamarón, en la
actual provincia de Burgos, el Rey Bermudo III es herido de muerte.
Esto provoca que Fernando de Castilla, sea ungido ante Dios en Santa
María de León, pasando a ser así el rey Fernando I de León y Castilla.

Tras la muerte en el año 1038 de Gonzalo, las tenencias de Sobrarbre y
Ribagorza son otorgadas a Ramiro por orden del rey de Pamplona, García
III Sánchez conocido como el de Nájera, manteniéndose la unidad del
reino bajo soberanía navarra.

En el año 1043, Ramiro ataca al rey de Pamplona, con el apoyo de los
jefes musulmanes de Tutera, Zaragoza y Huesca, pero su ataque se salda
con una estrepitosa derrota a manos de las tropas leales navarras. La
derrota de Ramiro hace que se comporte desde ese momento, como un
hermano fiel a la soberanía de su hermano, García III el de Nájera,
rey de Pamplona, incluso llegan a casar con dos hermanas, hijas del
conde de Foix y Courseran y a su vez sobrinas de la condesa de
Barcelona, siendo por tanto también cuñados.

El rey navarro liberó en el 1045, de forma definitiva, Calahorra para
el Reino de Pamplona. Tras esta victoria, manda construir en Naiara o
Nájera, el Templo en honor Santa Mª
la Real.

El rey de los navarros aprovechó de las diferencias, por no llamarlo
enemistades, de los musulmanes de Toledo y Zaragoza, recibiendo en dos
ocasiones de Toledo, la cantidad de 10.000 dinares, que se repartió
con el Conde de Barcelona, asolando con este los alrededores de
Zaragoza, Huesca y Tutera, frenándose la reconquista de las tierras
vasconas en poder musulmán, ante una incursión procedente del oeste.

El 1 de Septiembre del 1054, un ejército castellano-leonés,
capitaneado por su rey Fernando I, invade el territorio de los
navarros, rompiendo con ello el pacto fronterizo que habían firmado
Castilla y Pamplona en el año 1016. En Atapuerca dentro del territorio
navarro, las huestes castellano-leonesas de Fernando I se enfrentan a
las tropas navarras de García III. Fernando ansiaba los territorios
navarros que pasaban por Montes de Oca, Atapuerca y Urbel, que ganaban
el Océano en la bahía de Santander, haciendo de
la Bureba, Laredo y
Santoña, piezas de su desmedida ambición. En la dura batalla es
asesinado el rey de Pamplona. Fernando I de Castilla y León es el
vencedor, obligando al hijo de el de Nájera la jura de obediencia a su
persona, tras permitir en el mismo campo ensangrentado por de batalla,
su nombramiento como rey de los navarros.

Fernando I de León y Castilla ocupa las tierras vasconas señaladas y
comienza a tentar a diferentes tenentes navarros situados en la nueva
y obligada frontera. La juventud del nuevo rey de Pamplona, provoca un
distanciamiento con las tierras del norte del Pirineo, pero la lealtad
de Ramiro hacia el nuevo rey de Pamplona, Sancho IV, frena
momentáneamente el ímpetu imperialista castellano.



  • Cartulario de San Millán de la Cogolla, documento 166
    • Rosa Monterrubio del Pozo afirma que murió en Campomanes, Asturias,
asesinado por uno de sus peones.















La guerra de Navarra
CAPÍTULO II

Primera parte
Presión político y militar contra el Estado de los navarros**
Soberanía de Navarra

“El mal no es lo que entra en la boca del hombre, sino lo que sale de ella”. Jesucristo

El imperio cristiano de Roma no consideraba Reino al Estado de los navarros, tras la división de los reinos de Aragón y Pamplona, y trata como dux al rey de Pamplona, García Ramírez el Restaurador, lo que facilitaba e incentivaba, aún más si cabe, las ansias imperialistas de los demás reinos cristianos. Por ello, el Restaurador tuvo que ceder a la invitación del rey de Castilla y León, para realizar una cruzada a Córdoba y Almería en el año 1147. Aunque más que una cruzada en si, se trató de una acción furtiva contra el puerto de Almería, el cual era un nido de piratas. En dicha acción participaron castellano-leoneses, navarros, aragoneses, genoveses y pisanos, estos últimos desde el mar.

García Ramírez el Restaurador, logró mantener independiente al Reino vascón, frente al emperador castellano Alfonso VII y a su vez, mantuvo una lucha constante con la emergente Corona de Aragón. La presión de la Corona de Aragón, se acentuó con la retirada, de nuevo a un monasterio, de Ramiro I el Monje, facilitando el acceso a la corona aragonesa, al príncipe de Aragón, el belicoso maestre de la orden del Temple, Berenguer IV, conde de Barcelona.

En este proceso el emperador castellano se apodera de La Rioja, aunque rápidamente los navarros recuperan Logroño. También las Encartaciones son ocupadas por las tropas castellanas, pero momentáneamente los navarros les hacen frente, el resto de Bizkaia, impidiendo que penetren en Araba y Gipuzkoa.

El principal aliado de García Ramírez fue el obispo de Pamplona, García de Larrosa, originario de un pueblo del mismo nombre, situado próximo a Jaca. La iglesia navarra es la principal fuente ingresos de dinero, que sirven para pagar a los diferentes caballeros, que defendían los castillos y las tenencias del Reino de Pamplona, recibiendo a cambio tierras, villas e incluso castillos. El obispo era el verdadero señor de Pamplona, siendo el rey de Pamplona poco dado a residir en esa ciudad.

El adad de Irache fue una gran ayuda, salvándose el honor de los monasterios navarros, tras la deserción del Abad de Leyre, que rindió homenaje al rey Ramiro I de Aragón. Algunos señores que se encontraban dentro de las tierras controladas por Aragón, le fueron leales al monarca navarro, por lo que fueron cobijados en el Reino vascón. Los burgueses de Lizarra contribuyeron en gran medida, a la tranquilidad en el Estado navarro, mientras que de Ladrón y Lope Iñiguez establecidos en Bizkaia, Araba y Gipuzkoa, defendieron con éxito esas tierras navarras ante las continuas acometidas castellanas.

Las tropas aragonesas atacan Zangotza y Lumbier, lo que provoca la reacción inmediata de los navarros, derrotando a los aragoneses cerca de Zaragoza, llegando incluso a recuperar Tarazona. Esta plaza pronto fue ocupada por las tropas aragonesas del barcelonés Berenguer IV, príncipe de Aragón. Hubo algún intento de alianza, mediante un matrimonio concertado, que no llegaron a buen término, por los que los enfrentamientos se reanudan y los aragoneses invaden el Estado de los navarros. La resistencia no se hace esperar y se recupera por parte de las tropas de el Restaurador, los territorios del Roncal y Tutera, que se perdieron momentáneamente por la invasión de las tropas de la Corona de Aragón.

Las relaciones directas de los navarros con Castilla y León, se sosegaron momentáneamente, después que el rey de Pamplona, García Ramírez, reconociese como emperador al castellano Alfonso VII, aceptando un vasallaje en Nájera, el cual consistía únicamente en presentarse en León, para asistir a la coronación imperial del castellano. Un precio barato para dicho vasallaje y sin repercusiones para el territorio navarro.

Pero Alfonso VII intentó al menos en dos ocasiones sacar tajada de las tierras navarras, con la complicidad del joven lobo de Barcelona. Ambos habían firmado el tratado de Carrión en el 1140, donde buscaban la repartición del reino navarro, entre Castilla-León y el condado de Barcelona. Pero la determinación y valentía de los navarros solo permitió unos leves escarceos castellanos en territorio soberano navarro, saldándose con el robo de algunas vacas y jumentos por parte de las hordas castellanas.

En el año 1150, el navarro, volvió a acompañar al emperador castellano a una nueva incursión por Al-Andalus. Al poco de su regreso ese mismo año a tierras vasconas, el Restaurador fallece en Lorca, cerca de Lizarra, tras estrellarse la cabeza en un peñasco, durante una cacería, quedando el Reino de Pamplona en manos de su hijo Sancho Garcés VI el Sabio. Mientras engatusados por el seductor emperador castellano, numerosos tenentes navarros desertan y se unen al reino de Castilla-León, destacando entre los traidores, Ladrón Iñiguez.

Los demás reinos cristianos de la Península Ibérica (Castilla-León y Aragón), no estaban dispuestos a admitir realmente la existencia del Reino de Pamplona, y más aún con el beneplácito de la bula papal, la cual se mantiene durante el reinado de Sancho IV el Sabio, que negaba el título de rey al soberano navarro, otorgándole únicamente el título de duque. Esto permitía a los demás reinos cristianos existente, la invasión y conquista de la tierra de los navarros.

El Sabio , a la edad de 15 años, ya tuvo que hacer frente a los asaltos de castellanos y aragoneses, siempre conjugados contra el Reino de los navarros, buscando continuamente un reparto del mismo. El punto de partida, o continuación más bien, lo podemos situar en Tudejen, cerca de Fitero en el año 1151. El emperador castellano y el Príncipe de Aragón o conde de Barcelona, tuvieron como orden del día el reparto de Navarra. Dicha operación se debía realizar el 29 de Septiembre del mismo año, festividad de San Miguel, casualmente patrón del ejercito navarro.

Sancho VI de Navarra, no tuvo ningún reparo en declararse vasallo del emperador, buscando frenar las ansias expansionistas del castellano. En el año 1153, es nombrado caballero por el castellano, que le concede la mano de su hija Sancha. Esta fue toda la “generosidad” mostrada por Alfonso VII, ya que no cedió ni una pulgada de la Rioja, tierra vascona que Castilla había conquistado a raíz del magnicidio de Peñalen, en el 1076. El emperador de Castilla y León, colmaba de bienes a monasterios y villas, además fundaba el reino de Nájera para su hijo Sancho, propiciando las deserciones en tierras navarras con su supuesta generosidad, que incluso llegaba hasta el mismo corazón de Navarra, con el denominado reino de Artajona, al que estaban vinculadas Larraga, Miranda, Olite y según parece, incluso Tafalla.

La Gascuña que estaba bajo la legítima soberanía navarra, es ocupada por tropas inglesas en el año 1154. Esto fue debido a la unión matrimonial entre el rey de Inglaterra, Enrique Plantagenet y Leonor de Aquitania en el año 1152. Las tropas inglesas ocupan esta tierra vascona, buscando con ello la defensa de la dote que aportaba la duquesa de Aquitania, lo que provoca una separación de estos territorios del resto del Reino de Navarra, realizada en gran medida por la fuerza de las armas. Claro ejemplo de ello es la toma sangrienta de Baiona por parte inglesa.

Al morir Alfonso VII en el año 1157, le sucede Sancho III de Castilla y Toledo, aunque no por mucho tiempo, ya que muere un año después. Al menos se restituyó el reino de Artajona a Navarra. Sancho VI de Navarra, se decidió a intentar reconquistar las tierras de la rica Rioja. Fue una campaña vigorosa y con éxito para los navarros. Esta victoriosa campaña emprendida en el año 1162 es concluida un año después. Se recuperó nuevamente Logroño, después Navarrete, Pazuengos y la mayor parte de los puestos situados sobre la orilla derecha del Ebro.

Por desgracia para los navarros, Nájera se resistió, así como Calahorra, por lo que prosiguieron la campaña por Araba y de allí hasta Durango y la antigua vascona Bureba, desde Miranda de Ebro hasta Briviescas, pasando por Grañón, Cerezo, Salinas de Añana, llegando hasta los arrabales de Burgos. A continuación procedió a consolidar las defensas de estos territorios recientemente reconquistados. Entrando en buenas relaciones con Fernando II de León y Galicia, tío del joven Alfonso VIII de Castilla.

Alfonso VIII, rey de Castilla tras alcanzar la mayoría de edad, comienza a preparar su matrimonio con la hija del monarca inglés Enrique II Plantegenet. El rey castellano ofrece en el 1170, a la princesa inglesa, las plazas navarras de Logroño, Grañón, Belorado, etc… que acaban de ser recuperadas para el Reino de Navarra por el rey vascón. Así, la guerra entre Castilla y Navarra es abierta desde el año 1173, produciéndose un doble ataque castellano, uno hacia la Bureba y otro hacia Artajona y Pamplona. El propio rey de Navarra, sufrió un asedio de dos día en el fuerte de Leguín, cercano a Urroz, mientras que el nuevo rey de Aragón, Alfonso II, se entrometía, favoreciendo a los castellanos, atacando y destruyendo la villa y el castillo de Milagro.

Tras un breve respiro, en el año1176 las tropas del ejército castellano, vuelven a cruzar el Ebro, llegando de nuevo hasta el fuerte de Leguín, conquistándolo y volviendo a Nájera después de dejar una guarnición en la fortaleza. El rey navarro se vio obligado a pactar, pero como Castilla no había combatido para no conseguir nada y Navarra no estaba dispuesta a renunciar a sus derechos legítimos, indiscutibles y regularmente escarnecidos desde tiempos de Alfonso VI de Castilla, se tomo la decisión de acudir a Londres, donde reinaba el suegro del castellano y poseedor de las tierras vasconas del norte del Pirineo, que anteriormente formaban parte del Reino de Navarra.

Dos obispos presidieron lambas delegaciones, Ramón de Palencia por Castilla y Pedro de Pamplona por Navarra, acompañados de nobles y señores. A la vez acudieron dos valientes caballeros, con sus caballos y armas, uno por cada reino, en caso que el rey de Inglaterra decidiera que el asunto se tenía que elucidar en un torneo de campeones, algo común en la Edad Media. Pero el inglés solicito que ambas delegaciones presentaran sus alegaciones por escrito, ya que los laicos ingleses no entendían las lenguas de los litigantes, el castellano y el euskara.

Se presentó la genealogía de ambos monarcas, remontándose los litigantes hasta el siglo XI, pero el juez decidió, para desgracia del Estado de Navarra, remontarse al último tratado celebrado no hacía mucho entre Nájera y Logroño, otorgando la totalidad de la Rioja a Castilla y solo la devolución de algunas fortalezas a Navarra, como la de Leguín, además del fuerte de Rueda, en Aragón, como un premio menor. Este laudo arbitral, consagró el hecho consumado, lo que sólo podía convenir al castellano, el cual era suegro del inglés.

Durante el Laudo Arbitral, la tierra conocida actualmente como Baja Navarra, vuelve al Reino, aprovechando los enfrentamientos existentes entre Enrique II de Inglaterra y su tercer hijo, Ricardo Corazón de León. La insurrección en busca de la vuelta a Navarra es numerosa, destacando los levantamientos de Baiona y Burdeos, los cuales son seguidos una fuerte y violenta represión a cargo de los ingleses.

Ricardo busca un aliado y lo encuentra en Sancho VI de Navarra. Se casa con la hija del rey navarro, Berenguela, siendo el hermano de esta, otro Sancho esta vez el Fuerte, obteniendo así un poderosos aliado contra los ataque de lo partidarios de Enrique II, existentes en Baiona o contra los condes franceses que atacaban desde Toulouse. Una alianza engañosa para Navarra, ya que no consigue nada en materia territorial e incluso se le llega a reclamar por parte inglesa la Baja Navarra. Los enfrentamientos y pactos se alternaran a partir de este momento, entre ingleses y navarros.

Los enfrentamientos con los aragoneses se van apaciguando, tras los pactos de Zangotza del año 1168 y del de Tarazona en el año 1191. El rey navarro se dedicó a asegurar la solidez del Reino vascón, del cual al menos se había salvado su parte esencial. Para ello otorgó fueros a innumerables villas y ciudades, destacando los de Donostia, Gasteiz, Trebiño, Biasteri, Antoñana, entre otras muchas, con el objetivo de perpetuar el sistema defensivo contra el reino de Castilla. Tuvo que soportar la deserción de innumerables tenentes, incluso el traidor gesto del poderoso obispo de Iruñea, que en algún momento llegó a entregarse con sus bienes, voluntariamente al Conde de Barcelona, gesto tan hostil como el de cualquier deserción.

Navarra pacta con el rey moro Lobo de Murcia, pasando Albarracín a la corona de Navarra. El rey navarro murió en año 1194, dejando el Reino de Navarra bastante mermado en materia territorial, pero muy estable en materia política, a su hijo Sancho VII el Fuerte.


La guerra de Navarra
CAPÍTULO II
Segunda parte
Magnicidio, invasión y caos

"Tu quoque fili mi" Julio Céasr

El reinado de Sancho Garcés IV comienza de forma trágica en el campo
de batalla. Con tan solo 14 años, es proclamado rey en las
ensangrentadas campas de Atapuerca. Muy pronto, ante el poder del
Fernando I de León y Castilla, comienzan las deserciones de
numerosos tenentes navarros, teniendo como consecuencia directa la
perdida de territorio para los navarros, en el oeste del Estado
vascón. Siendo pocos los leales a la corona navarra, como Iñigo
López en Bizkaia y Sancho Fortín de Pancorbo, que se mantienen
firmes ante las promesas castellanas.

El freno de la ambición del rey castellano, tras arrebatar esas
tierras vasconas al Reino de Pamplona, permite una calma momentánea
en la frontera occidental durante los primeros años de gobierno de
Sancho IV. El rey de los navarros, aconsejado por Ramiro, tenente de
Aragón y presionado por el poderoso rey de León y Castilla, realiza
una donación el 29 de Diciembre del año 1062, de aquellas tierras
vasconas invadidas y ocupadas tras la batalla de Atapuerca por las
tropas castellano-leonesas.

El rey de Pamplona le otorga a Ramiro las tenencias de Lerda, Undués
y del castillo de Zangoza. Aconsejado por el ya conde de Aragón,
Ramiro, el Rey de Pamplona comienza a interesarse por Zaragoza. Las
presiones dan su fruto, lo que provoca la recepción de cuantiosas
rentas para el Reino de los navarros. Esta política llamada de
parias, es muy beneficiosa para las arcas del tesoro real.

La muerte de Fernando I de Castilla y León en el año 1065, trajo más
problemas para Navarra. Su hijo Sancho II irrumpe por la orilla
izquierda del Ebro en el 1067. Sancho IV pide ayuda al Conde de
Aragón, también llamado Sancho Ramírez, hijo de Ramiro que murió en
el 1063. Esta guerra es la llamada de los "tres Sanchos". El rey
castellano pretendía sondear a eventuales adversarios. La guerra se
saldo favorablemente para el Reino de Pamplona, ya que los
castellanos fueron expulsados de Biana, por el conde de Aragón,
Sancho Ramírez, teniendo así las tropas invasoras que volver a
cruzar el Ebro, pero esta vez en dirección a su patria, Castilla.

De esta manera, el rey de los navarros, continúa recibiendo, sin
sobresaltos, y con mayor o menor regularidad, la importante suma de
1.000 piezas de oro mensuales, por parte del rey musulmán de
Zaragoza. El rey navarro multiplicó las plazas defensivas, como
Calahorra, Ocón, Clavijo, Arrendó, Peralta, Falces, Villafranca o
Alesves, Ujué y Tafalla, entre otras. Las desavenencias con el reino
de Castilla continuan, lo provoca nuevos enfrentamientos tras
incursiones en el Reino de Pamplona de tropas castellanas, como en
Tudejen, cerca de los baños de Fitero. Un nuevo pacto posibilitó la
vuelta a la calma, para esa frontera tan vulnerable.

La llamada a Cruzada a los caballeros cristianos, por primera vez en
la historia de la Península, lanzada por Gregorio VII, encontró eco
favorable en el condado de Aragón y al norte de los Pirineos. El Rey
de Pamplona, hace oídos sordos, dando libertad al conde de Aragón,
Sancho Ramírez, mientras no abandona su lealtad interesada con el
rey musulmán de Zaragoza, enfrentándose incluso al Papa y rechazando
una reforma litúrgica que le parecía atentatoria a las libertades
del país de los navarros.

El 4 de Junio de 1076, Ramón y Ermenesilda, hermanos del rey, le
invitan a una cacería. No lejos de Milagro, se detuvieron en un
peñasco, Peñalén, que dominaba un precipicio. Abajo el río Aragón.
El rey se inclinó para ver el hermoso espectáculo, cuando una mano
anónima lo empujó. El décimo rey de Navarra resultó muerto,
innoblemente asesinado. Tras dicho asesinato, Ermenesilda se
apresura a refugiarse en la corte de Alfonso VI de Castilla,
mientras que Ramón fue bien recibido en Zaragoza.

Tras el crimen de Peñalén, el Reino de Pamplona es invadido de
nuevo. El reino de Castilla, principal hostigador del crimen,
consigue grandes beneficios con ello. Rápidamente invade el
territorio navarro, otorgando títulos nobiliarios y hereditarios a
todos los funcionarios desertores, y apropiándose con ello, de las
tierras que administraban en nombre del rey de Pamplona.

El reino de Pamplona parece descabezado, ya que los hijos del
monarca navarro eran muy jóvenes y el resto de la familia, incluida
su esposa, habían huido, en su mayoría al reino de Castilla. Alfonso
VI se presenta rápidamente en Nájera y Calahorra, prosiguiendo su
empuje militar hasta la orilla izquierda del Ebro. Llegando a ocupar
todo el territorio hasta el Ega y Montejurra.

Toda la rica Rioja cae en manos castellanas. Algunos funcionarios
del Reino vascón, rinden homenaje al monarca castellano. Entre ellos
un cuñado del mismísimo rey de Pamplona, ya conocido como el de
Peñalen y un tal Diego Álvarez. Pero la sed imperial castellana no
acabó ahí. Álava y Vizcaya, y sin duda una parte de Guipúzcoa son
conquistadas militarmente por el rey de Castilla, provocando las
deserciones de bastantes tenentes o funcionarios del Reino de
Pamplona.

Pero no todo son deserciones, la resistencia se hace fuerte en
algunos castillos navarros, cuyos acaides no se rinden al invasor
castellano, entre ellos el castillo de Treviño, encontrándose de
alcaide de Trebiño el mismo año 1076, Lope Iñiguez, siendo en el año
siguiente Diego Sánchez el alcaide de la fortaleza navarra, que a su
vez, lo era también del castillo navarro de Término.

El ejército castellano seguía progresando por la tierra navarra. Las
intenciones de Alfonso VI eran llegar a la mismísima Iruñea, y
ocuparla, pero el caballero más leal al rey de Pamplona, el conde de
Aragón, Sancho Ramírez sale al paso de las tropas invasoras. Ante la
falta de una línea sucesoria a la Corona de Navarra, provoca que
Santa Mª de Uxue, célebre puesto de vigilancia en la frontera con
los musulmanes, sea la primera en reconocer al conde de Aragón como
rey de Pamplona y le entrega su castillo. Tras ella fueron Tafalla,
Iruñea y otros lugares. Los navarros habían elegido un nuevo rey.

La elección por parte de los navarros, de Sancho V Ramírez, provoca
una reacción en el rey de Castilla, Alfonso VI. Este se apresura a
volver a la Rioja, para asentar la ocupación castellana de esa
tierra vascona. La expoliación castellana y las adhesiones más o
menos forzadas, dejan una situación poco favorable apara los
navarros.

Toda la margen derecha del Ebro e incluso la izquierda hasta las
inmediaciones de Monjardín y Azagra, estaban ocupadas por el
ejército del reino de Castilla. El rey castellano otorga el título
de condes ha diferentes desertores de Navarra, unos condes
absolutamente sumisos al invasor. Tanto en la Rioja, como en Álava,
Vizcaya y sin ninguna duda, en una parte de Guipúzcoa.

El nuevo rey de Pamplona, Sancho V Ramírez, otorga el título de
Reino al condado de Aragón, sin que ello suponga una división entre
ambos reinos.

Un acuerdo entre los monarcas de Pamplona, provoca que la porción
central del Reino vascón, quede con un estatus particular. Esta
región, en forma de una especie de cuadrilátero, enmarcada por los
límites que iban desde el puerto de Erro, a Monjardín, de ahí hasta
Falces y para concluir en Aibar. El poder en su interior era
confiado por Sancho V Ramírez a un conde, concretamente el conde
Sancho Sánchez de Navarra. Pero pese a depender de Sancho V Ramírez,
este conde era vasallo de Castilla.

La determinación, rapidez y habilidad con la que actua el rey de
Pamplona, evita que todo el reino vascón, sea absorbida por el
imperio castellano. Sancho V Ramírez mandó fortificar Lizarra. Esto
sirvió para mejorar la ruta de Santiago y para construir en ella una
poderosa fortaleza ante el siempre amenazante imperio castellano.

Tras ello Sancho V Ramírez se preocupó más de reconquista de tierras
ocupadas por los musulmanes y problemas religiosos, que de la
política con otros reinos cristianos. Durante su reinado el estado
de los navarros propició un acercamiento a Roma, y al reino de
Francia. Las relaciones con el reino de Francia, no impidieron un
nuevo acercamiento con la Gascuña, especialmente con los monjes
zuberotarras.















Recuperación, testamento, injerencia y división
Iñigo Saldise Alda
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"Seamos realistas y hagamos lo imposible." Ernesto Che Guevara
Pedro I de Pamplona y Aragón fue proclamado rey por los navarros en el mismo sitio de Huesca donde cayó muerto Sancho V Ramírez. Dos años después, las tropas navarras que él capitaneaba liberaron la ciudad vascona del poder musulmán. A su muerte se habían recuperado diferentes plazas a los musulmanes, entre las que se encontraban Alcoraz, Caparroso y Peralta. En el año 1098 se produjo un acontecimiento capital para el reino pirenaico: la consagración de San Juan de la Peña.
Su prematura muerte, a la edad de 36 años, facilitó el ascenso al trono de Alfonso I el Batallador. En el año 1109 el monarca navarro casó con la hija de Alfonso VI , rey de Castilla. Urraca era una mujer caprichosa e inconstante, sumamente superficial, y sin duda lujuriosa, que se dedicó a dificultar la vida del rey navarro. Los obispos navarros encontraron un defecto canónigo y buscaron la disolución del matrimonio.
El divorcio suponía un nuevo peligro político, ya que a pesar de disolverse el matrimonio, no se anulaba el título obtenido tras el contrato de su matrimonio, que era el de señor de Castilla-León para el rey de Pamplona y Aragón, lo que daba legitimidad de acceder al trono del reino de León y Castilla al navarro, en el caso de que muriera Alfonso VI sin dejar en el mundo a un hijo barón.
Estrechos lazos con magnates francos, en especial con los del Midi, gracias a las continuas llamadas de cruzadas contra los musulmanes, provocaron que al norte de los Pirineos los diferentes vizcondados y condados, entre los que destacaban el condado de Gascuña y Tolosa (Toulouse), volvieran a reintegrarse en el reino navarro.
Las tropas de los cruzados, comandadas por el rey navarro, en cuyas filas se podían incluso encontrar a caballeros castellanos, como Diego López de Haro, señor de Vizcaya, se dedicaron a recobrar para el reino de Pamplona y Aragón las tierras que faltaban del valle del Ebro. El Batallador liberó Zaragoza en el año 1118 tras una nueva llamada a la cruzada. Un año después se rescatan Tutera y Tarazona, mientras que Calatayud y Daroca se recuperaron en el 1119. Ganó la batalla de Cutanda en el 1120 y en los años 1125 y 1126 emprendió una rápida expedición a Al-Andalus, regresando con numerosos mozárabes. Llevó una rápida repoblación de los territorios reconquistados por gentes del norte del reino, francos y mozárabes, a la vez de que a muchos musulmanes se les permitió permanecer dentro del territorio vascón.
Tras la muerte de Alfonso VI, el rey navarro penetra con sus tropas en las antiguas tierras pertenecientes al reino de los vascones, ocupadas por los castellanos. Los navarros llegan a traspasar la frontera pactada del año 1016. Tras muchas vacilaciones decide reconocer a Alfonso VII como rey de León y accede a entrevistarse con él. Los dos monarcas de nombre Alfonso se encuentran en el valle de Tamara en el año 1127, concretamente entre Hornillos y Castrogeriz, y firman un nuevo tratado fronterizo.
“Para que en adelante no surgiere ninguna disensión entre ambos reinos, se decidió qué tierra era reino de Navarra, es decir, desde el Ebro hasta cerca de la ciudad de Burgos, que el rey Sancho de Castilla había arrebatado con violencia a su pariente el rey Sancho de Navarra, hijo del rey García de Nájera. De lo cual se extendieron documentos entre ambos reyes y reinos de Castilla y Navarra y cada uno de ellos recibió ‘cartas suas firmatas et bene vallatas’. Entonces Alfonso I de Aragón y Pamplona entregó toda la tierra de Castilla a Alfonso VII de Castilla y en adelante no quiso que se llamara emperador, sino rey de Aragón, Pamplona y Navarra”.
En el año 1130 se produce una revuelta en la población costera de Baiona. El Batallador consiguió sofocar la insurrección un año después, tras enviar a numerosos señores navarros, entre ellos los del Baztan, Lizarra, Etxauri, Burunda, Hernani, Tarazona, Barbastro, Donibane Garazi, Zuberoa, Bearne, Auch, Pallars… Incluso diferentes navíos parten desde Donostia y Hondarribia en dirección a Baiona durante ese periodo. Durante el asedio a Baiona escribe su testamento.
Tres años después, el monarca navarro es derrotado y muerto en Fraga, cuando junto a tropas navarras se enfrentaba a una alianza formada entre los musulmanes de la ciudad y el Conde de Barcelona, Maestre de la Orden del Temple, Ramón Berenguer IV. La muerte le llegó a Alfonso I el Batallador sin tener descendencia y su testamento otorgaba el reino de Pamplona y Aragón a tres órdenes cristiano-militares de Palestina: Santo Sepulcro, San Juan de Jerusalén y el Temple.
Todos los castillos y fortalezas del reino de Pamplona y Aragón eran cedidos a las tres órdenes militares, intentando justificar con ello sus actos en vida y de paso servirle como ofrenda para la redención de sus pecados, pero también de su alma y la de sus parientes. Este testamento perjudicaba seriamente los intereses de Pamplona y Aragón; por el contrario era muy favorable para la iglesia católica-romana, por lo que poco después de su muerte y de la inmediata crisis sucesoria planteada, este testamento fue rechazado por los señores navarros.
Este hecho fue aprovechado por el mayor enemigo de los navarros, el rey de León y Castilla, Alfonso VII, autoproclamado emperador, que invade el territorio ocupando Naiara (Nájera), poco antes del 10 de noviembre de 1134. Tras eso, pone sitio a otra plaza navarra, concretamente la de Logroño, de donde pasó rápidamente a Zaragoza en diciembre del mismo año.
Alfonso VII de León y Castilla, con todo su ejército, entra en Zaragoza el 2 de diciembre de 1134, confirmando las posesiones a los nobles, infanzones y eclesiásticos, dándoles privilegios que no tenían. En diciembre del mismo año, Ramiro el Monje se presenta en Zaragoza y confirma los derechos de los mismos nobles a heredar las tenencias salvo caso de traición. Dichos privilegios fueron otorgados antes por Pedro I y anulados por Alfonso I el Batallador durante su reinado.
En plena crisis sucesoria se lleva a cabo en 1135 el Pacto de Vadoluengo que básicamente pretendía una cohabitación de poderes. La iglesia gobernaba a través de Ramiro “El Monje”, mientras que García Ramírez es colocado como jefe supremo del ejército, para que este último siguiera combatiendo al Islam. Si embargo, la última voluntad real no se llevó a cabo al no llegarse a un acuerdo entre García Ramírez y las Órdenes Militares; los navarros se decantan por García Ramírez, señor de Tutera, como rey.
La chancillería pontificia lanza una enérgica represalia contra el rey navarro, negando su condición de rex y otorgándole únicamente el título de dux, considerando en la práctica que el reino quedaba libre para ser invadido y ocupado por el mejor postor, dentro de los príncipes cristianos.
Los intereses de la Iglesia de Roma en la cruzada contra los musulmanes en el Valle del Ebro, apoyada por el obispo de Barbastro y Roda, Ramiro el Monje y el arzobispo de Tarragona, primado de la Tarraconense, influyeron en la operación barcelonesa; por el contrario en Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles pirenaicos, el monasterio de San Juan de la Peña, así como los eclesiásticos del interior – el obispo de Huesca y Sancho de Larrosa de Pamplona-, apoyaron la continuidad de la unión del reino de Pamplona y Aragón, bajo la corona de García Ramírez el Restaurador, frente a la disolución pretendida por el rey Alfonso VI de León y Castilla y de Berenguer IV, conde de Barcelona.
Ramiro el Monje, al verse apoyado por castellanos y barceloneses, creyó en la posibilidad de formar una monarquía teocrática, del mismo tipo que la existente en Roma, para todo el reino de Aragón y Pamplona. Convoca a diferentes caballeros y obispos en la catedral de Huesca, donde los asesina ante su negativa a reconocerle como rey de Pamplona y Aragón. Los señores y clérigos de Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles pirenaicos, del monasterio de San Juan de la Peña, e incluso el mismísimo obispo de Huesca, son decapitados por orden de Ramiro el Monje. Ante estas maniobras, García Ramírez fue proclamado rey en Pamplona, como restaurador de todo el reino de Alfonso el Batallador.
La presencia de Alfonso VII de León y Castilla en Zaragoza durante la Natividad de 1134-1135, echaba por tierra las pretensiones de crear una monarquía teocrática, por parte de Ramiro el Monje. Pero no sólo eso, ya que la presencia castellana en Zaragoza se enfrentaba directamente a los derechos que tenía García Ramírez el Restaurador sobre el reino de Zaragoza desde su recuperación para la cristiandad bajo el reino de Pamplona y Aragón.
García Ramírez el Restaurador, a diferencia de Ramiro el Monje, pretendía mantener el mismo criterio con los tenentes, en contra de las costumbres existentes en Castilla-León y Barcelona, de dar las tenencias de carácter hereditario. La invasión castellana y la intromisión de los magnates de la Iglesia alteraron drásticamente el panorama político en el reino vascón.
Los partidarios de García Ramírez el Restaurador y de Ramiro el Monje se aproximaron, y hubo una reacción ante el caos producido por la guerra civil y la partición del reino navarro. Desde Castilla-León buscan la partición del reino vascón tras la invasión y ocupación de las tierras riojanas y alavesas, intentando forzar a García Ramírez a negociar. En la primavera de 1135, Alfonso VII acordó en Nájera una paz con García Ramírez, reconociéndolo como rey de Pamplona y Aragón. En el texto se hacía alusión a una paz firme y duradera.
Lo cierto es que, realmente, el rey de León y Castilla pretendía repartirse el reino Pirenaico con Ramón Belenguer IV, conde de Barcelona, algo que sellaron en el tratado de Carrión de los Condes de Febrero de 1140. Promueven la boda del obispo Ramiro con la hija del conde de Poitou y el posterior casamiento de la hija de estos, de apenas dos meses de edad, con el conde de Barcelona, dando forma a la futura corona de Aragón.
Ramiro I el Monje* se enclaustró debido a los remordimientos de conciencia por su matrimonio, que contravenía su juramento de celibato y así, el príncipe de la corona de Aragón, Ramón Belenguer IV de Barcelona, toma el caudillaje de la corona de Aragón desde 1147. Cristianos barceloneses y castellanos reconquistan Fraga y Lleida en 1149, bajo la excusa de segunda Cruzada a Tierra Santa, predicada en el año 1147. Ambas ciudades constituyeron unos marquesados, vinculados al condado de Barcelona.
Así pues, los navarros de nuevo se ven presionados por todas las fronteras. La unidad con los vascones del norte de los Pirineos se ve interrumpida, por la acción inglesa y francesa. Y al sur, el reino vascón es dividido, entre Pamplona y Aragón, por las ingerencias externas procedentes del reino de León y Castilla, del condado de Barcelona y también del estado papal. La rica Rioja cae de nuevo bajo las zarpas imperiales castellanas.
*Ramiro I el Monje: La historiografía española lo titula Ramiro II.
Iruñea, febrero de 2009



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Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO V
2ª PARTE
1516, nuevo intento navarro

"El requisito del éxito es la prontitud en las decisiones". Sir
Francis Bacon

Fernando de España, en las cortes de Burgos en julio de 1515, sin
ningún navarro presente, ni si quiera de la facción pro española o
beaumontesa, incorpora el Reino de Navarra a la Corona de Castilla-
España. Juan III de Albret y Catalina I de Foix, reyes de Navarra
buscan la alianza con Francisco I, nuevo rey de Francia y envían una
embajada ante el rey español, buscando la restitución del Reino
Pirenaico.

Los intentos diplomáticos realizados por parte de los navarros no
cesan. Una delegación navarra, encabezada por el mismísimo mariscal
Pedro de Navarra, se presenta ante el nuevo señor de Roma, León X,
buscando un veredicto papal con el cual se llegue restituir las
tierras ocupadas por los españoles a sus legítimos dueños, los reyes
de Navarra. Pero una vez más, el estado Vaticano da largas a los
navarros y defiende a los españoles.

El 25 de enero de 1516, Fernando de España muere. Juan III de
Navarra tiene preparados a 5000 infantes a lo largo de la frontera
impuesta por los españoles y el mariscal Pedro de Navarra está
posicionado frente a las costas de Gipuzkoa con 2000 hombres más. En
las tierras ocupadas, nobles y villas se mostraban hostiles al
cardenal Cisneros y lo fueron todavía más con el nuevo virrey
español, Fabrique de Acuña.

Los navarros que sufrían la ocupación, desafiaban continuamente las
órdenes del español. Incluso los Beaumont estaban descontentos y
dispuestos a unirse a Navarra a poco que se les perdonase su
anterior traición y deserción. Un hermano del mismísimo Luís III de
Beaumont, mantiene conversaciones secretas con los legítimos
soberanos navarros, llegándose a plantear el matrimonio de Isabel de
Albret, hija de los reyes de Navarra, con un hijo del conde de Lerin.

Francisco I de Francia envía una carta al rey de Navarra indicándole
que es el momento de apresurarse al máximo en pos de recuperar las
tierras ocupadas por los españoles. El 4 de febrero el señor de
Asparrots se presenta ante Juan III de Navarra, poniéndose al
servicio de soberano navarro. El 11 de febrero una nueva carta del
rey francés es abierta por Juan III de Navarra. En ella el francés
le promete enviar lanzas, lascanetes, gendarmes y artillería, pero
ésta promesa nunca se cumplirá.

Así Juan III de Navarra, abandonado a su suerte, pero con una
Navarra unidad por primera vez en varios siglos, gracias a que los
Beaumont se encontraban decepcionados con los españoles, consigue
que el Bearne vote con cierta lentitud y una relativa parquedad sus
créditos, consistentes en una ayuda militar de 3000 hombres.

Los Agramont, son reunidos bajo la autoridad del mariscal Pedro de
Navarra, unánimemente respetado, para ultimar el ejército navarro,
mientras que un buen número de Beaumont, en el que estaba incluso el
insufrible conde de Lerin, preparan el apoyo logísticamente e
incluso aguardan la oportunidad de unirse al ejército de liberación
de Navarra.

La nueva actitud en los Beaumont es cortada de raíz por los
españoles, los cuales detienen al indisciplinado conde. Luís III de
Beaumont es declarado traidor a España, pero el nombrado condestable
de Navarra por Fernando de España, protagoniza una extraña fuga y
toma rumbo a Aragón, donde se esconde esperando acontecimientos.

Navarros de Xiberoa, las Landas y otros lugares de la Gacuña que
forman parte del Reino de Navarra, se prestan para entrar en combate
contra el invasor español. Ya es Semana Santa y las tierras navarras
están nevadas, pero toda la población aclama la entrada de las
tropas de liberación al grito de ¡La resurrección y el mariscal
llegan al mismo tiempo!

Juan III de Navarra comienza un largo asedio a la fortaleza de
Donibane Garazi. La lentitud de las tropas navarras es aprovechada
por el cardenal Cisneros, quien destituye al virrey, colocando en su
lugar a Antonio Manrique, cuya sola presencia aletarga el
entusiasmos patriótico de los Beaumont y espantando a los pocos
Agramont que se encontraban en capital de Iruñea. El terrible y
despiadado coronel Villalba es el elegido para salir al paso de las
tropas navarras de liberación.

El verdugo español de 1512, el coronel Villalba, se posiciona en
Orreaga, impidiendo el avance de un cuerpo del ejército navarro, el
cual debía liberar la colegiata. El mariscal Pedro de Navarra entra
por el Ronkal, a pesar de sufrir la deserción de la mitad de los
12000 hombres que formaban su ejército. Pedro Sánchez al mando de
120 patriotas roncaleses se ponen al servicio del mariscal de
Navarra.

Algunos Peralta y Jaso que intentaron recuperar el monasterio de
Orreaga, el cual ya se encontraba desierto por la acción militar
española, marchas por la nieve hasta Burgi, donde se ven obligados a
capitular ante el coronel Villalba y ante algunos colaboracionistas
españoles, como Donataria. El ejército español cae sobre las tropas
del mariscal de Navarra, capturando a todos los jefes agramonteses,
llevándolos prisioneros a la fortaleza de Atienza.

Con el mariscal detenido y preso junto a la mayoría de los jefes
agramonteses, Juan III de Navarra levanta el cerco a Donibane Garazi
y pone rumbo al Bearne. El cardenal español, Jiménez Cisneros ordena
de inmediato, al siniestro Coronel Villalba, la destrucción de los
castillos y fortalezas de la Navarra ocupada. En mayo, el rey Juan
III de Navarra muere. Los patriotas navarros se ocultan y preparan,
aguardando una nueva oportunidad con la cual recuperar la libertad
para el Estado de Navarra.

BIBLIOGRAFÍA

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