Temas "Nabarros" (33)
Aita Donostia

(San Sebastián 1886- Lekaroz 1956)
José Gonzalo Zulaika Arregi, el tercero de diez hermanos, comenzó desde niño a demostrar sus habilidades musicales, por lo que sus padres lo inscribieron en clases de solfeo y violín a los ocho años. A los once llegó al convento de los Padres Capuchinos de Lekaroz (Baztan) para estudiar Bachillerato. Un profesor del centro, Ismael Etxezarra, fue quien le ayudó a cultivar su pasión por la música, dándole grandes oportunidades y mostrándole la nueva etapa que vivía la música en esa época en Europa y, especialmente, en París. Tras terminar el Bachillerato, a los 16 años, decidió quedarse en Lekaroz como novicio y seis años más tarde se ordenó sacerdote en Pamplona. Su primera composición la realizó con 11 años: hizo los arreglos orquestales de la Diana que se tocaba en el Colegio. Más tarde comenzó a tocar el armónium y en 1904 lo nombraron director de la orquesta del centro y comenzó a componer piezas para orquesta y órgano.
Tanto antes como después de ser ordenado, el joven capuchino tuvo la oportunidad de conocer y asistir a clases de grandes maestros en Barcelona, San Sebastián, Burgos y Silos, por ejemplo, donde entra en contacto con el canto gregoriano.
Desde 1909 hasta 1918 fue profesor de casi todo en Lekaroz, excepto de matemáticas. Dejó el convento para ir a Madrid, donde siguió profundizando en el conocimiento de la música.
Tras conocer el trabajo publicado por Resurrección María de Azkue "Música popular vascongada" y el trabajo de otros grandes folkloristas, el Padre Donostia se sumergió de lleno en la tarea de recuperar la música popular de la tierra. Comenzó en Baztan en 1911 y siguió a lo largo de toda su vida recogiendo centenares de canciones y melodías populares que fue presentando a concursos o editando de diferentes maneras.
Su amor por su tierra y su cultura le llevó a aprender euskera por su cuenta y llegó a ser miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Vasca.
Las composiciones que más fama le han dado han sido sus "Preludios Vascos", composiciones para piano basadas en armonizaciones de temas populares.
Además de todo esto, dio 170 conferencias en infinidad de ciudades importantes: Madrid, Barcelona, Salamanca, Bilbao o Pamplona, pero también en París, Praga, Londres, Basilea, Argentina...
En 1920 fue a París y entró en contacto con los mejores músicos de la época y también con numerosos artistas de otras disciplinas. Además de seguir avanzando en el terreno musical, especialmente en su habilidad sinfónica, el Padre Donostia aprovechó la oportunidad para recopilar en bibliotecas y archivos todo lo que tuviera que ver con la cultura vasca.
Viajero incansable, incluso cuando estuvo en el exilio de 1936 a 1943, no dejó de viajar por Francia y los pueblos del País Vasco francés. Tras su vuelta a la península fue a Barcelona, donde permaneció durante nueve años, pero es en Lekaroz donde terminaría sus días. En sus tres últimos años de vida estuvo en contacto con músicos como Juan Eraso, Bello Portu o Gorriti.
Fueron muchas las composiciones musicales, investigaciones y artículos que publicó. Después de su muerte ha sido otro capuchino, el Padre Jorge de Riezu, quien ha editado o reeditado gran parte de la obra del Padre Donostia en colaboración con diferentes entidades y de la propia familia.