Temas "Nabarros" (29)
Anastasi Agerre Santesteban

(Pamplona 1897-1933)
Anastasi Agerre pertenece al grupo olvidado y desconocido hasta nuestros días de escritores navarros euskaldunes de principios del siglo XX.
Últimamente importantes trabajos como los del historiador Josu Chueca y el filólogo Joxemiel Bidador están aportando luz a aquel período, anterior a la guerra civil, en el que existió un importante movimiento en torno al euskera, heredero del resurgir cultural iniciado por los euskaros del finales del siglo XIX y estrechamente relacionado con las tesis nacionalistas del PNV.
Tras la estela de José Fermín Irigarai "Larreko" y de Enrike Zubiri "Manezaundi" se puede hablar de una segunda generación de escritores, que se gestó en torno a dos publicaciones nacionalistas: el diario "La Voz de Navarra" y el semanario "Amayur", tal y como explica Josu Chueca.
En ambos medios fue colaborador habitual Anastasi Agerre, hermano menor de Jose Agerre, también escritor y periodista, que llegó a ser director primero de "Amayur" y después de "La Voz de Navarra".
Hijo de Eulogio, carpintero de Aria, y de Balbina Santesteban, de Pamplona, Anastasi fue un auténtico autodidacta. Sin medios económicos para poder estudiar, aprendió el oficio de su padre. Más tarde comenzó a trabajar en la empresa Abonos Químicos de Navarra y es entonces cuando, estudiando a distancia, obtuvo el título de ingeniero. Muy hábil en el arreglo e instalación de maquinaria, Anastasi fue nombrado jefe de mantenimiento, cargo que le llevó a realizar frecuentes viajes a Inglaterra, Francia y Alemania en búsqueda de nuevas máquinas útiles para la empresa. Su facilidad para aprender idiomas debía de ser enorme. En su biblioteca reunió un buen número de obras literarias, técnicas y científicas en inglés, francés y alemán. Como su hermano Jose, Anastasi aprendió euskera de joven. A diferencia de Jose y de la mayoría de escritores de su entorno, utilizaba en sus artículos de prensa un euskera popular, no purista y sabiniano.
Fue un hombre de profundas convicciones nacionalistas, religiosas y muy sensible a los temas sociales, especialmente en lo concerniente a la situación de los trabajadores. Esto le llevó a participar activamente en el sindicato SOV (Sociedad de Obreros Vascos), del que fue su segundo presidente.
De carácter alegre y optimista, es recordado como un hombre muy activo, al que le apasionaba la lectura, las salidas al monte, bromear y cantar.
El optimismo con el que veía el futuro político y cultural queda reflejado en sus textos periodísticos, algunos de los cuales están recogidos en la antología que acaba de publicar Joxemiel Bidador con el Ayuntamiento de Pamplona "Euskara Iruñeko kazetaritzan (1930-1936)".
El futuro inmediato que trajo la guerra fue muy diferente, sin embargo, pero Anastasi no llegó a conocerlo porque un día, cuando iba a trabajar en su bicicleta (dicen que leyendo) un camión de reparto lo atropelló. Murió el 2 de agosto de 1933, dejando a su esposa, Carmen Tellechea y a sus tres hijos, Juli, Jokin y Maite, que continuaron viviendo en la casa de Ansoáin que ellos mismos habían diseñado y levantado.